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Los gigantes de la Isla Concepción
Los gigantes de la Isla Concepción Explorando la naturaleza de Chiapas

Los gigantes de la Isla Concepción

Texto y fotos: Daniel Garza Tobón

El motor de esta expedición fue descubrir un territorio que parece haber sido habitado por gigantes. Logramos captar mangles de más de 30 metros de altura, murciélagos pescadores e iguanas verdes de dimensiones poco convencionales. Aquí la bitácora de la aventura.

Los mangles gigantes que se encuentran en la Reserva de la Biosfera La Encrucijada siempre habían llamado mi atención y por varios años estuve investigando cómo sería la mejor forma de llegar ahí, hasta que conocí a Humberto Yee, originario de este lugar. Él y su familia manejan una reserva para la conservación y el ecoturismo, que no tiene comparación en México: Isla Concepción.

Además de ser uno de los lugares donde se encuentran los mangles rojos más altos del planeta, con más de 30 metros de altura, también es el hábitat de una gran cantidad de fauna sorprendente, desde el murciélago pescador gigante (Noctilio leporinus) que llega a los 70 centímetros con las alas abiertas, el oso hormiguero (Tamandua mexicana) que alcanza casi un metro y medio de longitud, la iguana verde (Iguana iguana) de casi dos metros, el cocodrilo de río (Crocodylus acutus) de más de cuatro metros, así como gran cantidad de otros mamíferos, aves y reptiles.

OBJETIVO

Cinco días de viaje a Isla concepción en Chiapas, para documentar la flora y la fauna en una sección de la reserva de la Biosfera La Encrucijada. 

EQUIPO

DANIEL GARZA TOBÓN

DANIEL GARZA TOBÓN Biólogo, fotógrafo y editorCon 20 años recorriendo el país, busca crear conciencia ecológica a través de su trabajo, en el que conjuga sus pasiones. Cuenta con un amplio archivo fotográfico.

HUMBERTO YEE

HUMBERTO YEE Anfitrión en la encrucijadaOriginario de Acapetahua, Chiapas, ha dedicado su vida a la protección de la vida silvestre en Isla Concepción. Fundó y es el actual embajador de la Comunidad Mexicana de Fotógrafos de Naturaleza.

LOCALIZACIÓN

LA EXPEDICIÓN

EL CONTACTO

Comenzaba el año cuando vi una foto en el Facebook de la Comunidad Mexicana de Fotógrafos de Naturaleza, era de la Reserva de la Biosfera La Encrucijada, en la costa de Chiapas. Humberto Yee la había publicado e inmediatamente lo contacté para comentarle mi interés en documentar este lugar. Para mi grata sorpresa, respondió: “Con mucho gusto, Daniel, aquí tienes tu casa, así que puedes venir cuando quieras y te llevo; nosotros hacemos viajes de ecoturismo a la Isla Concepción”. ¿Cuándo es el mejor momento para ir, cuándo podía recibirme? Su respuesta: “Comenzando el año es un buen momento para ir, porque no es época de lluvias, no hace mucho calor y casi no hay mosquitos”.

Una semana después tendría que decidir entre llegar por Tapachula o por Tuxtla Gutiérrez. Debía dirigirme a Acapetahua, una pequeña comunidad de unas mil personas que viven de la pesca, la agricultura y la ganadería y, recientemente, del ecoturismo. Se encuentra muy cerca del Embarcadero de las Garzas, donde empieza la zona de manglares de la reserva.

EL CONTACTO

DÍA 1

Eran las primeras horas del lunes cuando empezó mi largo viaje desde Saltillo, Coahuila, hasta la costa chiapaneca. A las tres de la mañana sonó mi despertador, con apenas dos horas de sueño, porque me desvelé escribiendo una historia para México Desconocido. Tomé un camión que me llevó de Saltillo al aeropuerto de Monterrey (dos horas de trayecto), de ahí abordé un avión a las siete de la mañana; dos horas después, aterricé en Tuxtla Gutiérrez. Fui en taxi a la terminal de autobuses y tomé uno en dirección al pueblo Escuintla (más grande que Acapetahua, pero muy cerca entre sí). Cuatro horas después, estaba listo para llamar a Humberto Yee para que pasara por mí.

Eran las seis de la tarde, así que nos fuimos directamente al embarcadero donde nos esperaba el famoso tío Abel. Comenzamos la travesía nocturna de una hora por los canales entrecruzados de La Encrucijada. Un cielo lleno de estrellas nos alumbraba el paso por angostos canales, rodeados de mangles altísimos; alcancé a ver las siluetas de los murciélagos pescadores gigantes, una especie que estaba entre mis prioridades para fotografiar. Llegamos a las cabañas de la Isla Concepción como a las nueve de la noche, bajamos las maletas, nos instalamos y la tía de Humberto nos preparó un delicioso pescado a las brasas recién sacado del estero, acompañado con verduras, cuyo sabor solo era comparable con el mejor de los manjares.

Una vez que terminamos de cenar, Humberto me dijo: “¿Quieres ir a ver animales a la selva?”. Con todo y el cansancio de 17 horas de trayecto, le contesté que me encantaría. Fui por mi cámara y una linterna y nos fuimos adentrando despacio en la oscuridad total debajo de los exuberantes árboles. Esa noche vimos un armadillo, un puerco espín tropical, mapaches, tejones y murciélagos frugívoros comiendo colgados de las hojas de palmeras. La jornada concluyó a medianoche.

 

DÍA 1

DÍA 2

Comenzamos a las seis de la mañana, mientras esperábamos el amanecer, tomamos fotos del río que pasa frente a la isla, que parecía un espejo de tan tranquilas que estaban sus aguas, sin viento y sin corriente aparente. Me sorprendió la cantidad de cantos de las distintas aves que se escuchaban por todas partes, por lo que pensé: “Esta es mi oportunidad para fotografiar varias especies que faltan en mi listado de aves de México”, así que cambié la cámara con el lente angular por otra con un telefoto de 600 mm que me permite tener un mayor acercamiento a las aves.

Esa mañana pude fotografiar a la urraca elegante, al carpintero lineado y al de frente dorada, a la paloma arroyera, a las chachalacas de vientre blanco, un lifer para mí (la primera vez que se observa o fotografía una especie), al cuco ardilla, a los periquitos frente naranja, un periquito alas amarillas, al loro frente blanca y al loro nuca amarilla, entre otras.

Mientras hacíamos las tomas, nos fuimos internando en la zona de manglares en busca de los más altos; de repente, ahí frente a nosotros estaban los inmensos mangles rojos con más de 30 metros de altura y con raíces gigantes que salían del tronco principal, algunas tan gruesas que casi llegaban a un metro de diámetro. Comencé a tomar fotografías desde diferentes ángulos para captar su belleza. Cuando pedí a Humberto que se subiera por una de las raíces para tomarle fotos y así captar la proporción, me dijo que temía por la altura y el acceso difícil; en cambio, a mí me parecía desafiante y casi un honor poder trepar en ese escenario tan peculiar, así que subí y le pedí que él hiciera las tomas. Comencé a escalar las raíces siguiendo el intrincado camino que formaban, como si fueran unas escaleras al cielo, a unos seis u ocho metros del suelo. Bajé con el mayor cuidado y al revisar las imágenes ¡estaban todas borrosas! Por la emoción, no me percaté de que había dejado la cámara en enfoque manual. Le dije a Humberto: “No importa, vamos a hacerlo bien”. Volví a subirme y entonces conseguimos el efecto deseado: se logra apreciar la dimensión de estos gigantes de la Isla Concepción.

DÍA 3

Salimos a explorar de nuevo, al mediodía regresamos al campamento donde el tío Abel estaba pelando unos pejelagartos recién capturados que prepararon a las brasas, realmente exquisitos. En la tarde fuimos a buscar a la famosísima águila canela (Busarellus nigricollis), muy importante para mí, pues sería otro lifer. En un paseo por el río y como si hubiera sido planeado, nos estaba esperando donde siempre la ven; majestuosa con su color único entre las rapaces, nos permitió observarla y fotografiarla mientras descansaba entre los mangles. También vimos otras rapaces como el águila pescadora, el gavilán caracolero, el zopilote sabanero (una especie escasa que solo se ve en estas regiones de México), así como varias especies de garzas, la jacana, martines pescadores y gallaretas moradas.

Seguimos nuestra travesía por el río hasta que empezó a oscurecer, entonces buscamos un lugar tranquilo y despejado donde pudiéramos fotografiar al gran murciélago pescador. Nos quedamos quietos observando y comenzaron a aparecer, clavando sus patas en el agua para sacar los peces con los que se alimentan. Fue un momento sorprendente que no habría querido interrumpir con fotografías; sin embargo, parte de mi trabajo es mostrar estos instantes tan valiosos en su contexto. Preparé dos flashes manejados con radios de control remoto y pedí a Humberto y al tío Abel que los apuntaran entre la lancha y el río, como a 45 grados, mientras yo estaba a la mitad esperando que algún murciélago pasara frente a mí. Fueron cientos de fotografías en más de dos horas, pero irónicamente, la mejor fotografía fue la primera que tomé a uno de estos exuberantes seres, volando de lado con las alas completamente extendidas; a veces, así sucede, pero como fotógrafo profesional siempre quiero mejorar la toma.

 

DÍA 4 Y 5

Los siguientes dos días repetimos los paseos, sacamos miles de fotos, sumándose a la lista de especies un oso hormiguero, monos araña, cocodrilos de río, lagartijas como el basilisco y el anolis de garganta roja, así como muchas especies de insectos, plantas y árboles. Este es un lugar mágico y lleno de sorpresas para futuras expediciones.