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Kayak extremo en Chiapas
Kayak extremo en Chiapas Aventura por el amenazante río de Santo Domingo

Kayak extremo en Chiapas

Texto y fotografías: Alfredo Martínez

El río Santo Domingo es un santuario natural resguardado por agrestes montañas, donde aún vuelan tucanes y halcones peregrinos. La condición física y mental de tres kayaquistas fue puesta a prueba en esta expedición en uno de los ríos más peligrosos para remar en kayak.

EL 'SANTO GRIAL' DE LOS KAYAQUISTAS

Chiapas es uno de los estados más privilegiados del suroeste del país, por la riqueza de su diversidad biológica. Por sus tierras corren algunos de los ríos más bellos de México; en la frontera con Guatemala, bajando las Lagunas de Montebello, fluye el río Santo Domingo, el “Santo Grial” de quienes practican kayak extremo. Es el río navegable con mayor desnivel del mundo; el agua desciende furiosa entre la selva y las espectaculares formaciones de rocas de travertino, solo unos cuantos se han atrevido a desafiar sus cascadas de 30 metros de altura y sus rápidos clase V.

En esta expedición acompañamos a tres atletas de alto rendimiento; a los mexicanos Rafael Ortiz y Francisco Lisci y al canadiense Joel Kowalski. El equipo que documentó la expedición estuvo formado por Israel Celis, encargado de la seguridad del equipo, José Antonio Soriano, fotógrafo, y yo. 

OBJETIVO

Desafiar en kayak las aguas del río Santo Domingo, uno de los ríos más amanezdores del mundo, durante una expedición de dos días de navegación extrema. 

 

OBJETIVO

EL EQUIPO

Alfredo Martínez

Alfredo MartínezArqueólogo submarinoHa seguido su instinto: persigue con vehemencia los viajes y lo auténtico.

Rafael Ortíz

Rafael OrtízKayaquista profesionalPara él, la aventura es su rutina. El riesgo es su mayor pasión.

Joel Kowalski

Joel KowalskiDeportistaMedallista, coach y amante de la adrenalina.

Francisco Lisci

Francisco LisciFotógrafo deportivoDocumenta actividades de aventura como el kayak y el surf.

LOCALIZACIÓN

LA AVENTURA

COMITÁN, ANTESALA DE NUESTRA AVENTURA

La cita fue en Na Bolom, un recinto que es museo, hotel y asociación cultural en San Cristóbal de las Casas, fundado por el arqueólogo danés Frans Blom en 1950. Elegimos este lugar porque desde aquí han partido las expediciones más célebres a explorar la selva Lacandona, así que la nuestra no podía quedarse atrás. Después de consultar mapas y bibliografía, nos dirigimos hacia Comitán.

En el camino paramos a desayunar en Teopisca, un poblado mestizo que aún conserva algo del paso de los españoles. Es famoso por la elaboración de embutidos, butifarras, chorizos, cecina y carne salada. Antes de seguir, aprovechamos para conocer el maravilloso retablo de la iglesia de San Agustín, visitamos el pueblo alfarero de Amatenango del Valle y continuamos hasta llegar a nuestro primer destino.

Este sería el último contacto con la civilización, tuvimos un día para terminar con los preparativos antes de internarnos en la selva; revisar que el equipo estuviera en perfecto estado y que la comida fuera suficiente y adecuada.

CAÍDAS TREPIDANTES

Salimos muy temprano para tomar la carretera 190, tras varios kilómetros de vistas verdes, nos desviamos en la 307 y aparecieron las Lagunas de Monte Bello, decretadas como Parque Nacional en 1959. Dentro yacen más de 50 lagunas, destacan Cinco Lagos, La Encantada, Ensueño, Esmeralda, Pojoj y Tziscao. Al pasar estas, la carretera fronteriza comienza a serpentear en descenso por las montañas. Como todavía era temprano, la espesa neblina cubría la selva y las estribaciones de la cordillera guatemalteca.

Después de dos horas y media, antes de llegar al poblado de Nuevo San Juan Chamula, nos detuvimos en el cruce de un puente y preparamos el equipo de kayak, escalada y cañonismo, para internarnos en el río Santo Domingo. Descender nos llevó dos días: el primero lo designamos para explorar la corriente, llevar los kayaks hasta donde comienzan las cascadas, checar el nivel del agua y anticipar los posibles obstáculos a superar, para poder dedicar el segundo día solo al descenso.

Aunque estaba absorto por la fuerza con la que corría aquel torrente, no comprendía qué hacía tan especial a este río. Rafa me explicó que es el río con mayor desnivel por distancia del mundo, “si se rema en kayak, en tan solo 1,600 metros de distancia, desciendes 580; es único por su fiereza. Además, tiene todo tipo de desafíos; en la primera sección encontraremos una zona de cascadas de 30, 20 y 15 metros de altura, y en la segunda, antes de llegar a Nuevo San Juan Chamula, habrá numerosos rápidos clase V, muy técnicos, son como largos toboganes por donde el agua desciende con bastante violencia”.

Los tres kayaquistas comenzaron a remar mientras los fotógrafos avanzábamos a pie por la orilla, abriéndonos paso entre la espesa vegetación y saltando entre rocas resbalosas. En algunos tramos nadamos, pero fue necesario sujetarnos de la parte trasera de los kayaks. El río Santo Domingo nace y desciende de las montañas de Guatemala labrando un cañón de roca calcárea en la profunda selva chiapaneca. El paisaje es espectacular semejante al del río Agua Azul; el color del agua va del verde esmeralda al azul turquesa y el lugar es remoto y bravío.

Conforme nos aproximábamos, el estruendo ocasionado por la caída de agua aumentaba, aquel era un ruido que saturaba los pensamientos. Llegamos a la primera sección de rápidos y los remadores navegaron por las furiosas aguas blancas hasta llegar a la primera caída grande de la cascada Alas de Ángel. La emoción se apoderó de nosotros; no quería imaginar lo que ellos sentían: si de solo verlos, el corazón me latía como si quisiera saltar al agua. Esta cascada fue bautizada con el nombre de Angel Wings Falls por el kayaquista Ben Stookesberry quien, junto a Jesse Coombs, realizó la primera expedición a este sitio en 2006. Jesse fue el primero en descender la espectacular caída.

INSTANTES DE ANSIEDAD

La cascada es impresionante: está formada por un torrente masivo de agua que desciende, se estrella salvajemente contra los rocas formando dos grandes abanicos de impetuosas aguas blancas que se precipitan a 20 metros de altura. En esta ocasión, el río traía demasiada agua, por seguridad, ninguno de los kayaquistas debía descender; sin embargo, Rafa, que ya ha saltado aquí más de una vez, quiso probar las aguas y se aventuró a intentarlo, su osadía casi le cuesta la vida. Pudimos ver cómo la corriente por poco volcaba su kayak. Lo perdimos de vista por unos instantes; un dolor en el estómago me cortó la respiración. Tras varios segundos, su figura apareció de nuevo ante nuestros ojos. Ya en la seguridad de la tierra, nos contó sobre su última expedición en 2013. El equipo con el que iba —Evan García y Rush Sturges— logró realizar el primer descenso integral del río Santo Domingo en un solo día; un récord único dentro del mundo del kayak extremo, también conocido como creeking, el cual consiste en bajar por ríos encañonados muy estrechos, con cascadas y gruesos toboganes de agua.

Nos quedaba camino por recorrer. Para llegar a la base de la cascada tuvimos que ascender por una de las paredes del cañón. Abriéndonos paso entre la selva, escalamos agarrándonos de las raíces y troncos de los árboles para después hacer rapel hasta llegar al objetivo. Los kayaquistas amarraron meticulosamente sus canoas a los árboles para regresar al día siguiente y realizar el descenso. Para salir del cañón saltamos por las cascadas y atravesamos las pozas nadando; el último de los saltos que realizamos fue a 14 metros de altura. Al finalizar la sección de cascadas ascendimos por una pendiente muy empinada en medio de la selva hasta llegar al conocido mirador El Encuentro, localizado en la carretera fronteriza. Esa vista fue impresionante. Nos emocionó mirar el río desde una perspectiva tan amplia. De ahí caminamos hasta el poblado de Nuevo San Juan Chamula, donde pasamos la noche en unas cabañas rústicas de la comunidad.

 

INSTANTES DE ANSIEDAD

EL GRAN DÍA

ADRENALINA AL LÍMITE

A la mañana siguiente, con la salida del sol, nos preparamos para el gran reto. Caminamos y nadamos hasta llegar de nuevo a la base de la cascada Alas de Ángel, donde el día anterior habíamos dejado los kayaks. La adrenalina y el nerviosismo invadieron el ambiente. Listos para fotografiar y ayudar a los kayaquistas en caso de emergencia, pues solo tienen cinco segundos para recuperarse antes de ser arrastrados por la corriente a la siguiente cascada. Mientras tanto en lo alto Rafa, Panchito y Joel se preparaban para iniciar el inminente descenso.

El primero en bajar fue Rafa: se echó agua en la cara como parte de su ritual de concentración, tomó su posición mientras Pancho le señalaba el lugar donde bebía enfilar su kayak y comenzó a remar con la vista fija en el horizonte, ahí donde el mundo se desploma con furia. Tragado por el torrente, desapareció ahora del lente de mi cámara. Descendió la segunda parte de la cascada: 20 metros de caída hasta zambullirse en el fondo de una poza verde esmeralda. El apabullante silencio se rompió con el grito de festejo que Rafa dio al salir victorioso de la corriente.

Vino el turno de Joel y luego el de Pancho. La emoción era la misma porque ambos salieron ilesos del temible descenso. El siguiente desafío fue descender por un gran tobogán de roca calcárea para después caer por una cascada de 15 metros. Aunque estábamos seguros de que lo lograrían, el temor se colaba en el aire, pues cuando se trata de la fuerza de la naturaleza, nada es controlable. En este punto el equipo se separó, los kayaquistas continuaron por los fuertes rápidos clase V, mientras nosotros caminamos por la selva hasta el mirador de la carretera.