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Isla Catalana
Isla Catalana En busca de animales endémicos en el Golfo de California

Isla Catalana

Texto y fotografías: Claudio Contretras Koob / Mares Mexicanos

Catalana es una de las islas más importantes del Golfo de California debido al aislamiento en el que se encuentra, lo que ha provocado que este lugar sea un laboratorio biológico para los seres que quedaron embarcados aquí cuando el territorio se separó del continente hace millones de años. También se conoce como Isla Catalina. Cuando los animales quedaron sin contacto con sus parientes del continente, empezaron a seguir su propio destino. Enfrentaron las adversidades del árido territorio y sobrevivieron a la escasez.

Los reptiles y mamíferos que encontramos aquí son casi todos originarios de la isla. Aunque la isla se encuentra relativamente cerca de Loreto, visitarla no resulta fácil. Debido a sus endemismos, Catalana es la joya de la corona del Parque Nacional Loreto, por lo tanto está prohibido bajar en ella si no se cuenta con los permisos adecuados.

Por fortuna, tuvimos un gran respaldo por parte de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) y en particular del personal del Parque Nacional Loreto, quienes ofrecieron su embarcación e incluso accedieron a quedarse una noche en la isla para supervisar que todo estuviera bien, además de ayudar a lograr los objetivos de la expedición.

OBJETIVO

Encontrar y realizar la documentación fotográfica de animales endémicos en su hábitat en la Isla Catalana, en el Golfo de California, frente a Baja California Sur, durante tres días de expedición. Durante este tiempo, los viajeros expertos de México Desconocido también irán en busca de la única víbora cascabel sin cascabel del mundo

 

OBJETIVO

EQUIPO

Claudio Contreras Koob

Claudio Contreras KoobBiólogo y fotógrafo de naturaleza Desde hace 25 años se dedica a la conservación de los recursos naturales, en especial de México.

Víctor Velázquez

Víctor VelázquezHerpetólogoEs director del Centro de Educación del Medio Ambiente y del Herpetario en La Paz, BCS. Dedica sus días a registrar y rescatar reptiles, para promover su conservación.

LOCALIZACIÓN

EL VIAJE

¿QUÉ NECESITAMOS PARA LA EXPEDICIÓN?

Los víveres y equipo que usamos para esta Expedición MD fueron:

- 100 litros de agua dulce

- Alimentos de fácil preparación (latas de atún y galletas, manzanas y naranjas, cereal, leche y café)

- Tienda de campaña

- Toldo para cubrirse del sol

- Estufa Primus de rápido calentamiento

- Ganchos para manipular serpientes

- Cámara de 35 mm con objetivos de diferentes distancias focales (desde gran angular, hasta telefoto y macro)

- Flashes

- Tripié

- Equipo básico de primeros auxilios

- Dosis de sueros antiviperinos

¿QUÉ NECESITAMOS PARA LA EXPEDICIÓN?

SALIDA A LA TIERRA DE GIGANTES

Partimos de Loreto. La embarcación de la CONANP nos llevó de manera cómoda e incluso tenía su toldo para protegernos de los intensos rayos del sol.

Las aguas del Golfo se encuentran muy tranquilas por lo que nos recostamos para arrullarnos con el vaivén. A medio camino nos despertó nuestro capitán: se veían soplidos en el horizonte. Pedí que nos dirigieran hacia allá. Un grupo de al menos seis individuos, mucho más grandes que un delfín, se nos acercaron, bien a bien no acertamos a saber qué es lo que son: ¿calderones?, ¿falsas orcas?

Nuestro guía de la CONANP, experimentado poblador de la región, nunca las había visto antes, así que lo mejor que pudimos hacer es registrarlas para una futura identificación. Siempre hay que tener la cámara lista, pues uno nunca sabe cuándo se presentará algo nuevo.

A la distancia se observaba ya la Isla Catalana, no muy grande, ni muy alta, pero su perfil, a comparación de las demás islas de la región, está definido por la cantidad de cardones que la adornan. A medida que nos fuimos acercando, logramos ver el tamaño real que estos tienen: ¡simplemente portentosos!

Llegamos a una playa de arena fina, pequeña y bastante atractiva. La vista era increíble: las laderas estaban cubiertas por completo de cardones, entremezclados con biznagas gigantescas que superaban por mucho mi altura, medían alrededor de 3.20 metros.

Isla Catalana es famosa por ellas y, con tranquilidad, puedo decir que jamás había visto que las biznagas sobrepasaran los tres metros de altura. Lo que domina la vista en este punto, sin  embargo, es un islote en el mar, conocido como Roca Elefante, dado que su forma asemeja a un paquidermo, un arco natural en el islote permite diferenciar lo que se asemeja a las patas, anteriores a la larga trompa.

Caminar entre las biznagas y cardones gigantes era como estar dentro de un bosque aunque aquí todo es espinoso. Se trata de una delicia visual, sin embargo, debíamos tener mucho cuidado con cada pisada para evitar un encuentro desafortunado con las serpientes de la localidad. La caminata transcurrió con ritmo pausado y fijándonos entre los arbustos a cada paso.

Al anochecer nos acercamos a cenar a nuestro improvisado campamento. Fue un largo día. Estábamos muy asoleados y cansados, listos para dormir.

SALIDA A LA TIERRA DE GIGANTES

VISITANTES INESPERADOS

Mientras comíamos, uno de los guardaparques me alertó de la presencia de roedores, que tal vez se habían acercado a nuestro campamento por las galletas que comíamos.

Generalmente encontrarse ratones en las islas es una mala noticia porque son animales eficientes para acabar con plantas, insectos e incluso los huevos de las aves. De hecho, las aves marinas escogen las islas para anidar porque no esperan encontrar depredadores allí, por lo que no están bien adaptadas a defenderse de roedores introducidos.

Los ratones han llegado a las islas a lo largo del tiempo como acompañantes no deseados de los humanos, por lo general se encuentran ocultos entre la comida que traen consigo. Una vez en estos santuarios es complicado eliminarlos.

Sin embargo, este no es el caso, para mi sorpresa estos ratones son de un color bastante claro, en definitiva se trata de una especie local que se parece más a los ratones del desierto. No quise dejar pasar la oportunidad de fotografiar una nueva especie para mí, así que me tiré en el arena a esperar con mi cámara y flashes listos para la acción.

La luna llena estaba en todo su esplendor y permitía ver los contornos de las cosas. Veía el  movimiento de los ratones pero ocurría rápidamente y de manera muy esporádica como para reaccionar con mi cámara.

El sueño me invadió y no pude mantener los ojos abiertos, me quedé tendido, exhausto. Este primer día resultó ser un fracaso pero habría de seguir intentándolo.

VISITANTES INESPERADOS

CARDONES Y REPTILES

Recibí el amanecer en el monte, fotografiando el bosque de cardones que se concentra más en las hondonadas, siguiendo las cañadas. Había plantas en cualquier lugar donde remotamente se encontraba un poco de agua en el subsuelo. En el mar se escuchaban las respiraciones de un grupo de delfines que recorría la costa en busca de alimento de manera constante.

Los amigos de la CONANP me dejaron ese día, sin embargo, no me quedé solo. Dado que mi principal objetivo era encontrar y fotografiar los animales endémicos de la misma, me acompañó Víctor Velázquez, el director del herpetario de La Paz, para ayudarme a buscar y fotografiar los reptiles endémicos.

La isla resulta un verdadero paraíso, donde habita con mayor frecuencia la lagartija de Catalana, que mide cerca de 10 centímetros. Resalta su belleza en tonos verde turquesa mientras se desplaza sobre las rocas graníticas, persiguiendo pequeños insectos. Acercándonos con lentitud a un ejemplar, perdió el miedo y me fue posible verla en acción a muy corta distancia.

Víctor también encontró otro de los endémicos importantes: un gecko de grandes ojos, animal nocturno que seguía con la vista cada uno de nuestros movimientos. Una vez que se lo dejamos en paz, empezó a buscar sistemáticamente pequeños insectos que volaban entre las rocas.

Caminando de manera muy erguida, vimos pasar a la iguana del desierto, quien parece ser la reina del lugar. Resultaba fascinante observar a estas criaturas adaptadas perfectamente a un ambiente tan seco, como el que se observa, mientras a nosotros con rapidez el sol nos deshidrata y el calor nos tumba a la sombra de nuestra lona.

La isla nos recuerda su singularidad con la presencia de todos estos animales, sin embargo, el premio mayor y la razón principal de nuestra visita nos eludía: la cascabel de Catalana. Horas de caminatas habían sido infructuosas, no vimos una sola serpiente, es más, Víctor ni siquiera logró ver el rastro de alguna que haya pasado recientemente.

CASCABEL SIN CASCABEL

La víbora de Cascabel de Isla Catalana, como su nombre lo indica, solo se encuentra en esta isla y su peculiaridad es que carece de cascabel, estos son usados para alertar a posibles depredadores terrestres del peligro inminente de lanzar un ataque a una víbora, pero en una isla libre de depredadores este aditamento resultó inútil, por lo que con el tiempo desapareció.

Esta pequeña diferencia hizo que la víbora estuviera siempre en nuestra mente mientras recorríamos la isla, recordándonos que tiene sus ventajas escuchar el cascabel antes de toparse con la víbora. Caminar sabiendo que no escucharíamos una advertencia en caso de estar cerca de una, nos hacía sentir cierto nerviosismo.

Por fortuna para mí, Víctor es un experto en el manejo de serpientes y en el tratamiento de mordeduras de estas. Dentro del equipo básico a llevar a la isla contamos, obviamente, con un equipo de primeros auxilios y varias dosis de sueros antiviperinos. Además, es un gran conocedor de la isla, pues la visita cada año. Incluso en el herpetario de La Paz, se trabaja en un programa de reproducción de víboras de cascabel de Catalana, cuyas crías al final son reintroducidas a la isla.

Terminé mis actividades del día y bajé hacia el campamento, aunque aún podía ver el piso, iba con la lámpara encendida para alertarme de cualquier movimiento. En el camino me encontré a Víctor, quien comenzaba su recorrido nocturno. Nuestras caras reflejaban frustración; el tiempo se nos agotaba y no había una señal que nos indicara la presencia de serpientes. Platicamos un poco y, de repente, Víctor gritó: “¡Serpiente, y es de cascabel!”, entre nosotros se deslizaba silenciosamente una pequeña serpiente y, finalmente, regresó la sonrisa a nuestros rostros. Era una bellísima víbora que presentaba una piel muy clara y la cabeza notablemente más chata y, lo más importante, en lugar de tener un cascabel, la cola terminaba en un muñoncito. ¡A tomar imágenes!

CASCABEL SIN CASCABEL

OPERACIÓN RATÓN

Eran ya las nueve de la noche y yo estaba listo para la operación ratón. Era mi última noche y no había podido fotografiarlo. La luna llena había salido ya y me quedé a la espera, acostado e inmóvil, eso sí, mucho más cansado que el día anterior después de tanta caminata bajo el sol. Desde el principio percibí que mantener los ojos abiertos al estar acostado era la parte más difícil. Entre cabeceos pude ver que se acercaba algo a nuestro improvisado campamento, tenía dos lámparas que iluminaban la zona donde pensaba que pasaría el ratón. El ruido de papeles que se mueven me indicó que sí estaba entre nuestras cosas, y lo vi pasando por donde tenía iluminado, pero de manera tan rápida que no logro tomar una sola foto.

Las horas pasaban y ya estaba agotado. El ratón venía alrededor de una vez cada hora sin aviso previo, se surtía de galletas y salía corriendo hacia su madriguera. La luna llena ya no iluminaba la noche, todo se oscurecía y, de repente, la actividad se incrementó: podía oírlo escudriñando nuestras cosas, subiendo y bajando entre nuestra improvisada alacena y, de pronto, se quedó parado justo en frente de mí, pude ver su silueta iluminada por una de mis lámparas cuya luz delineaba sus largos bigotes.

El ratón subió a la alacena y tiró un paquete entero de galletas, brincó y se quedó quieto frente a ellas, justo el tiempo necesario para poder tomarle una foto. Siete horas de espera en la madrugada rindieron sus frutos.

Eran las tres de la mañana, hora de irme a dormir, muy pronto habría que estar de pie para recibir el amanecer. La estancia fue un éxito. A las 10 de la mañana puntualmente, escuchamos el motor de una panga acercarse: era nuestra embarcación que nos llevaría a Puerto Escondido en la costa, con rapidez deshicimos el campamento y preparamos todo, hay que estar listos porque uno nunca sabe cuándo el tiempo puede cambiar. Cansados pero sumamente contentos nos alistamos a dejar este paraíso.

OPERACIÓN RATÓN